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La vida no es una moneda

La Corte Santafesina determinó que cuanto más humilde sea la condición social de una persona fallecida, mayor será la indemnización por la pérdida de chance.

Los padres de un menor fallecido en un accidente de tránsito reclamaron a la Compañía de Seguros una indemnización por pérdida de chance consecuencia de la muerte del chico, quien consideraban iba a ser el futuro sostén económico de la familia.

La Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Rafaela había impuesto una mínima indemnización por la pérdida de chance, la cual ascendía a poco más de $ 8000, fundándose en que por la condición social del joven fallecido, se convertía en “utopía” la chance de que el adolescente llegara a ser sostén de su familia. En la sentencia, la Cámara hizo referencia al origen humilde del joven, a la interrupción de sus estudios para abocarse al trabajo y a que los datos concretos referentes a su actividad laboral no eran más que "changas".

La Corte santafesina anuló el fallo considerando, entre otras cuestiones, que la condición humilde de la víctima y su familia debía potenciar el cálculo de la indemnización y enfatizó que la situación social no constituye un estigma permanente que implique suponer que el éxito en la vida les está definitivamente vedado, entre otros argumentos.

El fallo se denomina "Herrera” y se encuentra en A y S t 233 p 278-293.

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